6 January, 2018

El estigma generacional: el estigma de las segundas generaciones

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Category: News from the activists
Campaign Activist
1 pm

Published by Aurora Ali, in Webislam, December 6th 2017.

 

Desde hace meses, incluso años, oímos cada vez con más asiduidad hablar de “segundas
generaciones” y “terceras generaciones” en medios de comunicación, términos estos
que también están en boca de personalidades públicas. Las campañas xenófobas de
algunos partidos políticos en distintos países de Europa han contribuido a esta “moda”
ampliamente imitada.

Llama la atención que estas expresiones, que se usaban para describir un aspecto más o
menos relevante de la identidad de una persona, sean mayoritariamente empleadas para
hablar de personas musulmanas y/o de origen árabe (incluidos menores).
Pero llama aún más la atención que estas expresiones vayan acompañadas de
información “alarmante” relacionada con la seguridad o, directamente, con el
terrorismo.

A veces siento como si mi pasaporte se partiese por la mitad. Como si fuera un
pasaporte “de segunda”. Si nuestros hijos e hijas serán o son la tercera generación,
¿sentirán entonces que su pasaporte se parte en tres?

Resulta sumamente irracional que, en el país en el que se ha nacido o al que se ha
llegado de pequeño, uno sea relegado a un segundo plano “de repente” y con asiduidad
por obra y gracia de los medios de comunicación, o que se convierta en sujeto de debate
en tertulias con “expertos en yihadismo”. Esa suma de titulares, tertulias y discursos es
lo que convierte ese conjunto de expresiones en un estigma.

Si uno es hijo de padres australianos, por ejemplo, no tiene por qué sentirse señalado en
los medios ni en los titulares por expresiones como “yihadista”, “probabilidades” o
“integración”.

España es diversa y esa diversidad debería ser una bendición para el conjunto de la
sociedad. Esas “segundas y terceras generaciones” son ciudadanos de pleno derecho,
con sus deberes y obligaciones. Pero al parecer, el status de inmigrante no tiene fecha de
caducidad y además resulta hereditario. Una cosa es que un ciudadano quiera mantener
algunos aspectos de su origen y reivindicarlos y otra bien diferente es que desde algunos
sectores de la sociedad en la que vive y trabaja, aparezcan y desaparezcan niveles de
ciudadanía según el discurso del momento.

Algunas de esas “segundas generaciones” son hijos de parejas mixtas. Entonces ¿ellos
qué son? ¿“medio segundas generaciones”? ¿Tendrán más probabilidades de sufrir crisis
de identidad o solo la mitad de posibilidades?

Ese sentimiento que se fomenta de “no soy ni de aquí ni de allí” podría ser tratado de
manera más positiva, como una riqueza de la sociedad y del individuo, no como un
lastre o una crisis existencial. Todos podemos decidir cómo desarrollar esos aspectos de
nuestras identidades como factores enriquecedores y complementarios, al igual que los
hijos de padres de origen islandés, por ejemplo.

El estigma generacional, que hoy en día solo afecta y señala a una parte de la
población, fomenta prejuicios que derivan en discriminación, discursos y delitos de odio
que generan una sociedad enferma.

Las jóvenes generaciones son el futuro, debemos tratarlas con el amor y respeto que
merecen por la gran responsabilidad con la que cargan, empoderándolas, promoviendo y
reconociendo sus aportaciones a la sociedad. Esas historias son las historias que
deberían ser contadas por su mérito. Al no visibilizar ni normalizar estas narrativas
positivas, sólo se ve el estigma y se cae en una constante extranjerización de una parte
de ese futuro.

El origen debería volver a ser un concepto descriptivo y respetuoso. No podemos
estigmatizar a cientos de miles de jóvenes de “segunda o tercera generación” por el
comportamiento de unos cuantos que en absoluto representan a un colectivo por el
hecho de coincidir en un aspecto, al igual que no podemos estigmatizar a aquellos que
comparten algún rasgo de la identidad con los verdugos de la violencia de género, por
ejemplo.

Url: http://pccislamofobia.org/


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